Palabras que nos llevan a problemas

Escrito por el 28 marzo, 2021

Dice nos dice: “Abandonen toda amargura, ira, y enojo, gritos y calumnias y toda forma de malicia”

Mira, todas las palabras que describe este versículo identifican los elementos que nos meten en problemas: ira, mal carácter, resentimiento, enojo, rencor, contienda, gritería, mala voluntad o cualquier tipo de vileza.

¡Qué listita eh! Y te pregunto: ¿Cuál de estas actitudes representa el mayor problema para vos? A veces es una verdadera lucha renunciar a alguna de estas actitudes y convertirte en una persona amable, y es importante que sepas que si Dios puede hacer un milagro en otros también lo puede hacer en vos.

Vos, yo no tenemos que ser de mal carácter o temperamento, no tenemos por qué enojarnos cada vez que algo no sale como lo esperamos.

Debemos ser rápidos para escuchar, pero lentos para hablar, para sentirnos ofendidos y enojados, pero de todo esto lo más importante y lo más difícil, es ser lentos para hablar, porque una vez que la lengua empieza a volar, otras cosas volaran con ella.

Todos nos disgustamos cuando hacemos nuestros planes y luego algo los echa a perder y cuando te ocurre esto, debes aprender a respirar profundo, tomar aire, cerrar tu boca por un minuto y asumir el control de vos misma, para luego seguir con tu vida. Las cosas no tienen que ser siempre como yo quiero y me puedo adaptar y puedo cambiar mis planes y cuando son cambiados entonces, ahora “nadas hacia dónde va la corriente”. 

Y este nadar con la corriente tiene un doble significado a causa de un incidente que por ejemplo ocurría u ocurre con tus hijos cuando son pequeños, cada vez que te santas a comer con ellos, alguien derramaba un vaso de bebida y seguro que cuando te sucedía o sucede esto, el enemigo utiliza el incidente para que te disgustes, te enojas rápidamente y comenzas a decir: “¡N0 puedo creerlo! ¡Mira lo que hiciste! ¡Pasé todo el día preparando esta comida para que lo arruines! No me digas que no te ha ocurrido alguna vez esto.  Pero quiero decirte que no eran tus hijos quien te arruinaba la comida, era otra persona: ¡el enemigo!  Ya que vos creías que el problema era la leche derramada, pero en realidad el problema está en vos. Pensa que tal vez Dios permite ciertas cosas para ayudarte a eliminar ese espíritu de impaciencia  que hay en vos.

¿Sabes una cosa? Cuando estas atrapada en una situación así, que no podés modificar, hagas lo que hagas, es cuando necesitas aprender a aceptarla con alegría. Si, “Aceptación con alegría”. Esa es una frasecita corta y útil que debes aprender, ya que Dios te está enseñando a decir en tales situaciones: “Bueno, ha ocurrido otra vez y solo Dios puede cambiarla. Y si Él no lo hace entonces mejor la acepto con alegría”. Por eso Dios quiere que vayas con la corriente y Él nos dice que: “Vivan en armonía los unos con los otros. No sean arrogantes, altivos sino adáptense a la gente y a las cosas y sean humildes. No se crean los únicos que saben”

Ante esto debemos aprender a ser personas que nos adaptamos y nos moldeamos y desde luego eso no significa que no existan ciertas cosas que debemos resistir o cambiar y que ni debemos permitir que el mundo y el enemigo pasen sobre nosotros. Pero cada día enfrentamos unos cuántos asuntos menores que roban nuestra paz, circunstancias acerca de las cuales no podemos hacer absolutamente nada. Debemos aprender a manejar esas pequeñas irritaciones y disgustos, calmarnos y evitar la histeria cada vez que el asunto más pequeñito marche mal.

Y quizá, los que me están escuchando, una persona piense que es maravilloso lo que he dicho, mientras la otra piensa que es terrible.

¿Por qué esto? Tal vez porque una es insegura y la otra no. De la misma manera vos y yo tenemos la opción de elegir como reaccionaremos ante las diferentes situaciones de la vida. “Y quizá, vos podés decirme, eso no puede ser tan sencillo como hacer una simple elección. Como usted lo dice Luis, las personas son diferentes y por lo tanto tienen distintas maneras de percibir, experimentar y relacionarse con las circunstancias y la influencia externa”.

Y te digo, que cada uno de nosotros time un carácter y una conformación psicológica diferente, y que cada uno de nosotros ha sido expuesto a diversas experiencias en la vida, las cuales nos han formado y moldeado de manera distinta. Sé que en nosotros hay heridas y otro tipo de lesiones de orden mental, emocional y espiritual, y que no hay nadie que sea exactamente igual a otro. Pero la verdad es que, a pesar de nuestras diferencias, todos tenemos la capacidad de elegir como reaccionaremos ante las circunstancias y situaciones externas.

Nuestras lesiones y heridas pasadas nos hacen reaccionar negativamente, pero podemos superar y cambiar esas respuestas negativas aprendiendo la Palabra de Dios y escogiendo actuar de acuerdo con ella, en lugar de reaccionar ante las circunstancias. Dios nos ha creado con libre albedrio, con una voluntad libre, con la capacidad y la libertad de tomar nuestras propias decisiones en la vida. Creo que la palabra que Él está compartiendo con nosotros en este momento es la misma que les dijo a los hijos de Israel en los días de Josué: “…escoge hoy a quién servís…”

En otras palabras: ¡Crezcan!


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