Meditando en las cosas de Dios

Escrito por el 27 febrero, 2019

“No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. Así experimentaran la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender, la paz de Dios cuidara tu corazón y tu mente mientras vivan en Cristo Jesús”

Si no queres sentirte desolado por el desánimo, entonces no pienses en tus desilusiones; ¿Sabías vos que tus sentimientos están ligados a tus pensamientos? Si no crees que esto es cierto, solo toma veinte minutos y pensa nada más que en tus problemas. Te aseguro que al final de esos veinte minutos tus sentimientos, y hasta tu semblante, habrán cambiado. Te vas a sentir deprimido, enojado o molesto, pero tu situación no ha cambiado en lo absoluto.  Por eso es que podés ir a la iglesia, cantar himnos, escuchar el sermón y salir con el mismo espíritu negativo y la misma perspectiva con la que saliste de tu casa. Es porque te sentaste en la silla de la iglesia y te pusiste a pensar en tus problemas y no en el Señor.

Entonces la pregunta es: ¿Tenes comunión con Dios o con tus problemas?  Si vos te sentís alentado y entusiasmado con tus futuros planes y prospectos.

Esa es la decisión a la que todos tenemos que enfrentarnos. Nos podemos entusiasmar al pensar en todo lo que tenemos o podemos llegar a tener, o nos podemos desanimar pensando en todo lo que no tenemos.

El apóstol Pablo tenía una meta; Él quería llegar al punto donde pasara lo que pasara, sus circunstancias no afectarían o evitarían que él viviera su vida en la tierra al máximo potencial, mientras cumplía con los propósitos de Dios.

Para lograr esta meta tenía que tomar riesgos; además de confiar en Dios, él tenía que confiar en otras personas, tenía que arriesgarse a la pérdida y al dolor.

 

Y nosotros debemos arriesgarnos de la misma forma, tenemos que seguir adelante a pesar de todo lo que el enemigo nos arroje en el camino para intentar desanimarnos. El enemigo quiere que nos rindamos y que no lleguemos a la meta.

Vos debes seguir adelante y ya lo está diciendo Pablo en la palabra de Dios:

“No es que ya lo haya conseguido todo, ni que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzo a mí. Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien una cosa hago yo misma no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás, y esforzándome por alcanzar lo que está adelante sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús”

En el versículo 12, Pablo dice que, aunque no haya llegado a su meta o logrado su ideal, él no se rinde. Al contrario, seguía hacia delante.  Luego, en el versículo 13, él continúa diciendo que había una cosa que él hacía.  Esta única cosa debe ser de nuestro interés e importancia, porque proviene del hombre que escribió dos terceras partes del Nuevo Testamento.

Entonces…, ¿Cuál fue ese único principio por el cual Pablo basaba su vida?  ¿Cuál fue ese principio al que él acreditaba el cumplimiento de sus sueños y metas?  Hay dos partes en este principio: Lo primero es olvidar aquello que quedo en el pasado, y lo segundo, seguir adelante alcanzando aquello que está en nuestro futuro. Esto es una enseñanza que todos tenemos que aprender.  Por ejemplo: considere a la mujer que perdió a su esposo, cuando decimos que debemos olvidar el pasado y caminar hacia el futuro, no estamos sugiriendo que ella se olvide de su esposo; estamos diciendo que ella estará en problemas si piensa demasiado en su pasado. Estará viviendo en el pasado en vez de seguir adelante hacia el futuro.

Es natural afligirnos por algo que ha sucedido en el pasado, pero solo hasta cierto punto y únicamente hasta cierto momento. Tarde o temprano tenemos que enfrentar nuestro sufrimiento y pérdida y decidir dejarla atrás para continuar con nuestra vida.

Cuando Pablo estaba hablando de imperfecciones hablaba de olvidarse de lo que está atrás y extenderse hacia lo que está por delante. S1n embargo, podemos aplicar el principio a todos los aspectos de la vida.

Si vamos a cumplir con el llamado de Dios en nuestra vida y vamos a hacer todo para lo que Él nos ha ungido, entonces tenemos que hacer como Pablo: fijarnos una meta y seguir tras ella.

“Olviden las cosas de antaño; ya no vivan en al pasado. ¿Voy a hacer algo nuevo! Ya está sucediendo ¿no se dan cuenta? Estoy abriendo un camino en el desierto, y ríos en lugares desolados”

Al tratar con el pasado, debemos evitar el peligro de permitir que este nos mantenga en sufrimiento a causa de lo sucedido, más bien, debemos ser agradecidos por lo que tenemos y estar a la expectativa de lo que esté por venir.  Una y otra vez, Dios nos recuerda: “Tenes que dejar ir lo que quedo atrás; el pasado ya no es tu vida. Ahora yo estoy haciendo cosa nueva”.

Si nos concentramos mucho en el pasado, vamos a meternos en problemas, por eso es que de vez en cuando el Señor tiene que recordarnos de la misma forma que lo hizo con los israelitas: Él es el YO SOY, no el YO FUI.  Necesitamos recordar todas las cosas buenas que Dios ha hecho por nosotros en el pasado, como lo hizo con Abraham, Isaac, Jacob, y por todos los hombres y las mujeres fieles de la Biblia. No podemos estar tan apegados a las victorias y los gozos del pasado que fallemos en apreciar y disfrutar lo que Dios esté haciendo ahora y lo que esté preparando para el futuro. “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo:  Antes que Abraham fuese, yo soy”.

Y también dijo Jesús: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”.

Dios no nos quiere viviendo en el pasado. Él sabe que, aunque pudiéramos retroceder el tiempo y recrear todo como era en “los días buenos”, las cosas no serían iguales. ¿Sabes por qué? Porque eso era entonces y esto es ahora.

El pasado se fue; está perdido en los recesos del tiempo. Ahora es hoy. Tenemos un Dios del ahora, somos gente del ahora, y debemos vivir la vida ahora, un día a la vez.  Muchas veces, las personas pierden su gozo porque tenían algo en su pasado que los mantenía contentos, pero ahora eso ya no existe.  Muchos viven en el mover de Dios del ayer, un mover que ya no existe.  Es triste que no exista, pero asi es, y no hay nada que usted y yo  podamos hacer. Al contrario, tenemos que aprender a vivir en el pre-  sente. Dios se esté moviendo ahora, gocemos el presente.  Tenemos que dejar el pasado atrés y seguir adelante con lo que  Dios esta haciendo hoy en nuestra vida.  Gracias a Dios que podemos seguir adelante con lo que El tiene  para nosotros. Y mientras el futuro llega, debemos mantener las  manos en el arado y dejar de mirar en aquello que fue una vez, pero  nunca mas sera.

El pasado se fue; está perdido en los recesos del tiempo. Ahora es hoy. Tenemos un Dios del ahora, somos gente del ahora, y debemos vivir la vida ahora, un día a la vez.  Muchas veces, las personas pierden su alegría porque tenían algo en su pasado que los mantenía contentos, pero ahora eso ya no existe.  Muchos viven en el mover de Dios del ayer, un mover que ya no existe. Es triste que no exista, pero así es, y no hay nada que vos y yo podamos hacer. Al contrario, tenemos que aprender a vivir en el presente. Dios se esté moviendo ahora, gocemos el presente, tenemos que dejar el pasado atrás y seguir adelante con lo que Dios está haciendo hoy en nuestra vida.  Gracias a Dios que podemos seguir adelante con lo que Él tiene para nosotros. Y mientras el futuro llega, debemos mantener las manos en el arado y dejar de mirar en aquello que fue una vez, pero nunca más será.

En Hebreos 11:14-16, este pasaje se refiere a los israelitas que salieron de su hogar en Egipto, y quienes tuvieron que atravesar tiempos difíciles antes de llegar a la tierra prometida.  Nos dice que, si ellos hubieran tenido pensamientos de nostalgia, recordando las cosas que tuvieron que dejar atrás, hubieran tenido la gran oportunidad de regresar. En cambio, ellos siguieron adelante a pesar de los obstáculos y las dificultades, porque buscaban una tierra nueva que Dios les había preparado.  Esa es la decisión que usted y yo tenemos que hacer. Podemos elegir mirar hacia atrás con nostalgia o podemos mirar hacia delante con alegría anticipada.  Este pasaje no sugiere que nunca debemos recordar los tiempos buenos del pasado o a los seres queridos que han fallecido. Pero si sugiere que no debemos fijar nuestra mente y corazón constantemente en el pasado, porque si lo hacemos perderemos lo que Dios tiene preparado para el futuro.  Por eso es que tenemos que hacer una promesa de no malgastar nuestras vidas pensando en lo que quedo atrás, sino que debemos extendernos a lo que está delante.  Este es un mensaje para hoy. Es algo que podemos y debemos hacer hoy y todos los días que vivamos.

Cuando algo termina, debemos dejar que la cortina caiga y seguir hacia lo próximo, sin hacer comparaciones. No debemos comparar los logros y las victorias del presente con las del pasado. Si lo hacemos, abriremos nuestro espíritu al desánimo u orgullo. Debemos disfrutar nuestra vida completamente a través de lo que experimentamos en el presente. Esto lo logramos si dejamos de comparar las experiencias de hoy con las del pasado.  Por eso es que el Señor nos dice que no debemos recordar las cosas antiguas, ni considerar las cosas viejas. ¿Por qué?  Porque ya no están y Dios esté haciendo cosas nuevas. Están resurgiendo ante nuestros ojos, y necesitamos percibirlas y prestarles atención, si queremos participar y recibir los beneficios de ello.

 


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