Hace 155 años los galeses llegaron a Chubut 

Escrito por el 11 septiembre, 2020

Por qué, cómo y de qué manera hace 155 años los galeses llegaron a Chubut 

Con el velero Mimosa, arribaron a las costas de Puerto Madryn, pero siguieron el cauce del río Chubut fundando pueblos a ambos márgenes de su cauce y terminaron con una avanzada a caballo hasta las montañas, creando finalmente Esquel y Trevelin. Es la colonización más importante de la provincia. 

Hace 155 años que llegaron los galeses a Chubut en el velero Mimosa. Una colonización que se afincó desde la costa hasta la montaña. 

El 28 de julio se cumplieron 155 años del arribo a la Costa Atlántica de Chubut del velero “Mimosa” en el que, tras dos meses de travesía, arribó el primer contingente galés a instalarse en la Patagonia. Desde el Atlántico a la Cordillera, la gastronomía, las palabras, los apellidos, la arquitectura de los paisajes urbanos y rurales están atravesados por ese episodio inauguró una comunión cultural inédita. El “Mimosa”, de 43 metros de eslora y casi ocho de manga, partió desde el puerto de Liverpool el 25 de mayo de 1865 con un contingente de 153 colonos galeses: 56 adultos casados, 33 solteros o viudos, 12 mujeres solteras y 52 niños. El viaje fue promovido por nacionalistas galeses que pretendían conformar una colonia en la Patagonia donde desarrollarse, resguardando sus culturas, su lengua y su religión. Otras corrientes migratorias que partían desde Gales, buscando nuevos horizontes, llegaron a los Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, donde su bagaje cultural se incorporó con las sociedades locales, relegando tradiciones. 

El arribo del “Mimosa” se produjo el 28 de julio de 1865 en un accidente costero ubicado al noreste de Chubut, conocido como Golfo Nuevo, en inmediaciones de la actual ciudad de Puerto Madryn. Durante el viaje se produjeron nacimientos y fallecimientos. La tripulación imaginaba llegar a un vergel donde poder llevar adelante una próspera agricultura, por lo que no pequeña fue la sorpresa al advertir que en la tierra que los recibía el clima era hostil y el suelo árido. Los primeros años fueron particularmente difíciles. Algunos colonos partieron hacia el norte, otros hacia el sur. El sueño de los primeros inmigrantes galeses pareció empezar a materializarse 20 años después, cuando “Los Rifleros de Fontana” se dirigieron a la cordillera en una expedición que dio vida a Esquel y Trevelin, y abrió camino a una amalgama cultural que, poco más de un siglo después, redunda en un atractivo turístico sin igual. 

  

Una Gales patagónica 

En esos tiempos, el gobierno argentino necesitaba poblar las tierras del sur, todavía habitadas mayoritariamente por los pueblos originarios. Por lo tanto se convino el arribo de los migrantes con el compromiso de la adjudicación de tierras para su establecimiento. Algunos de estos colonos decidieran partir hacia el norte y hacia el sur. Choele Choel y Ushuaia fueron ciudades en las que se instalaron galeses que se desprendieron del contingente.  El clima de Gales es húmedo, llueve mucho y no hace falta regar los cultivos. Las primeras cosechas de los galeses en tierras patagónicas, se echaron a perder porque esparcían semillas, asomaban las plantas y acababan secándose. Así descubrieron que en esta zona era imperioso contar con agua para producir y en virtud de esta revelación, empezaron a construir canales de riego desde el río. Años más tarde llegó un nuevo contingente con obreros de la compañía inglesa que construyó el ferrocarril entre Puerto Madryn y Gaiman. También se conformó una cooperativa comercial agrícola ganadera, que llegó a tener barco propio. 

Fue recién en 1885, 20 años después del desembarco del “Mimosa”, cuando una expedición a caballo, encabezada por el gobernador del Territorio Nacional de Chubut, Jorge Luis Fontana, y el emprendedor galés John Murray Thomas, partió desde Rawson hacia el oeste, siguiendo las recomendaciones de pobladores tehuelches que ponderaban las tierras de la cordillera. Los llamados “Rifleros de Fontana”, tras más de un mes de travesía, llegaron a fines de noviembre al actual Valle 16 de Octubre, al que los galeses denominaron “Cwm Hyfryd” (Valle Encantador). El gobierno central de la Argentina decidió otorgarle una legua cuadrada de esta nueva tierra a cada expedicionario para que se pudiera instalar con su familia y de esa manera se empezó a poblar este valle en lo que más tarde se convertirían en las ciudades de Esquel y Trevelin. 

En el centro de Esquel, la capilla Seión se mantiene desde 1904, preservando el espíritu de sus primeros años, asentada sobre piedra y barro, con sus paredes de ladrillo cocido y techo de chapa. Incluida en el Registro Provincial de Sitios, Edificios y Objetos de Valor Patrimonial, Cultural y Natural de Chubut desde 1995, como la capilla Bethel de Trevelin, en los tiempos de la llegada de los colonos no sólo cumplía una función religiosa; sino que representaba el espacio común donde se celebraban las reuniones sociales. 

Por su parte, el Molino Nant Fach, ubicado a unos 45 kilómetros de Esquel, sobre la Ruta Nacional 259, sostiene la memoria de los tiempos de la llegada de los colonos en su imponente arquitectura, y un nombre que en galés significa “Arroyo Chico”.  Posee un valioso cúmulo de máquinas agrícolas y de coser e instrumentos musicales que suelen generar admiración en los visitantes que llegan a conocerlos. 

 

En materia gastronómica, el llamado “té galés” se caracteriza no sólo por su sabor como infusión; sino principalmente por la ceremonia que se desarrolla alrededor. El té galés se toma con un chorrito de leche, al “estilo inglés”, acompañado con pan casero cortado en finas capas y manteca. También incluye la mesa del té, escones con toda clase de dulces, quesos y tartas de frutas. La llamada torta galesa es curiosamente una receta propia de los colonos que arribaron a Esquel. Se trata de un alimento rico en nutrientes, que solía prepararse para esperar a los hombres, que volvían a casa de sus trabajos en días de frío cruel. Es un alimento que tradicionalmente se puede mantener durante mucho tiempo y se cocinaba en una lata, adentro de fogones abiertos. 

 

Entre Gales y el oeste de Chubut hay más de 12.000 km de distancia y una historia de amalgama cultural que se puede percibir en la arquitectura de las capillas, en la ceremonia del té, en la tradicional torta y en innumerables denominaciones que conjugan raíces galesas con pronunciaciones argentinas


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