EL LARGO HORARIO ADELANTADO DE ARGENTINA

Escrito por el 11 enero, 2021

Un verano de medio siglo

1969 fue el último año en que Argentina tuvo su territorio en un horario que se corresponda con el ritmo de los rayos del sol. Con el argumento principal del ahorro energético, se adoptó desde entonces un huso horario UTC-3, antes limitado a los períodos estivales, permanentemente adelantado sobre nuestra hora real o solar.

Por Esteban Rodofili, Diego Golombek y Marina Rieznik (*)
1969 fue el último año en que Argentina tuvo su territorio en un horario que se corresponda con el ritmo de los rayos del sol. Con el argumento principal del ahorro energético, se adoptó desde entonces un huso horario UTC-3, antes limitado a los períodos estivales, permanentemente adelantado sobre nuestra hora real o solar. Estudios recientes muestran que este cambio no solo puede llegar a aumentar el consumo de energía, sino que además puede tener efectos perjudiciales en la salud física y mental de la población.

El 4 de octubre de 1969 fue el último día en que Argentina tuvo parte de su territorio en un horario que se correspondía con el ritmo de los rayos del sol. En rigor, por su localización geográfica, el país está comprendido entre los husos UTC-4 al Este y UTC-5 al Oeste (cuatro o cinco horas más temprano que el Universal Coordinated Time, es decir, que la hora del meridiano de Greenwich, respecto a la que se calcula la hora de las veinticuatro secciones –husos horarios– en las que se divide el planeta). Ninguna porción del territorio se encuentra dentro del huso UTC-3, que cae en el Atlántico y corresponde actualmente a nuestra hora oficial que está, por ende, permanentemente adelantada sobre nuestra hora real o solar. Es decir que si la hora oficial indica que son las 12 del mediodía, el sol en realidad todavía no llegó a su punto más alto en el cielo (el mediodía real), sino que falta todavía hasta más de una hora (dependiendo de cuán al Oeste del país se esté). El sustento del horario de verano ha sido siempre que, si se adelanta la hora oficial con respecto a la real durante los meses con mayor cantidad de horas de luz, se ahorra en consumo de energía por gozar de luz solar en las últimas horas del día. Como veremos, esto no es tan así…

Entre Río de Janeiro y las islas Azores

Argentina comenzó a tener una hora unificada en todo el país en 1894, cuando el Poder Ejecutivo decretó como hora oficial aquella del Observatorio Nacional de Córdoba. Antes de esto cada localidad tenía su propia hora, que buscaba acercarse a la hora que marcaba el sol. En 1920, también por decreto, Argentina adhirió a la Convención Internacional de Husos Horarios (secciones de 15º de longitud que dividen la Tierra, cada una con la hora determinada por un meridiano central, el primero de los cuales es el de Greenwich), adoptando el huso UTC-4 en todo el país. Desde entonces, se han sucedido 57 cambios de huso horario, mayoritariamente determinados por decreto, aunque también existen dos leyes de huso horario que fueron sólo parcialmente aplicadas. En 1930 se inició por primera vez la alternancia entre horario de invierno (UTC-4) y de verano (UTC-3), en función del ahorro energético. Durante las siguientes décadas hubo numerosos decretos ordenando el cambio a UTC-3 en primavera, o incluso extendiéndolo fuera del período estival. En los decretos se hace referencia a los sectores comercial e industrial, y a la Comisión de Combustibles, con mención de argumentos de ahorro energético, especialmente en situaciones de crisis por falta de insumos y de equipos críticos. Sin embargo, en los decretos que resuelven retornar al UTC-4 también se mencionan gestiones realizadas por centros comerciales e industriales, así como por la CGT. En 1970 un decreto declaró el UTC-3 como hora oficial y desde entonces no ha habido ningún decreto volviendo al UTC-4. Sin embargo, sí ha habido lineamientos estableciendo el UTC-2 (horario doblemente adelantado) como horario estival. Este horario nos deja “azorados”, no tanto por la sorpresa sino porque nos coloca en la misma posición geográfica de… las islas Azores. Tampoco es que el huso -3 sea adecuado, ya que nos coloca a la altura de Río de Janeiro, más de 10º al Este de nuestro punto más oriental en la Provincia de Misiones.
La ley 25.155 sancionada durante el gobierno de Raúl Ricardo Alfonsín reestableció el horario UTC-4 como horario estándar y el UTC-3 como horario estival. No obstante, la adopción del huso -4 (que resultaría más adecuado) quedó prorrogada desde el año 2000, permaneciendo el país una vez más en UTC-3 todo el año. Una segunda ley de huso horario fue sancionada en 2007, adoptando como horario estándar el huso UTC-3 y como horario estival el UTC-2 (sí… de nuevo azorados). La discusión en la Cámara de Diputados dio lugar a argumentos en contra, en función de efectos negativos en la salud física y mental de los habitantes, así como en el rendimiento académico, a partir del desfasaje entre la hora solar y la hora oficial en las zonas occidentales del país. Al segundo verano de aplicación, las provincias occidentales (Salta, Catamarca, Tucumán, La Rioja, San Juan, Mendoza, San Luis, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego) fueron exceptuadas del cumplimiento del cambio horario ante sus reclamos por la caída de las actividades turísticas por el inicio del atardecer solar a una hora oficial tan avanzada. A éstas se adhirió Jujuy a pesar de no haber sido exceptuada. Así, a partir del verano de 2009 se eliminó la alternancia de horario estival/estándar, permaneciendo la hora oficial en UTC-3.
Es así que Argentina continúa en su eterno horario de verano todo el año sin tener en cuenta la situación de las provincias occidentales ni tampoco logrando tomar una decisión basada en otros criterios más que aquél del ahorro energético. Asimismo, hoy en día existen estudios sobre el consumo energético en horario de verano que presentan resultados diferentes. Según los cálculos, para algunos países sigue produciendo ahorro, mientras que para otros incluso genera más consumo. Por ello se ha recomendado que cada país haga su propio estudio. En Argentina, el análisis comparado de los dos veranos de aplicación de la ley 26.350 dio como resultado que el adelanto de horario de verano (UTC-2) aumentó el consumo entre un 0,4 y 0,6%, con aumentos también en los costos de generación de 10,9 y 18 millones de dólares. A esto se sumaron los costos ambientales en función de la polución extra generada por el empleo de combustibles fósiles en nuestra matriz energética, no sólo en materia de dióxido de carbono sino también de compuestos que generan contaminación a nivel local. Puntualmente, el resultado negativo del UTC-2 se debió a un aumento del consumo en las horas de la mañana, que superó a los decrecimientos al mediodía y a la tarde. Una explicación propuesta fue que los argentinos continuamos realizando algunas actividades después de la puesta del sol independientemente de la hora que marque el reloj, como por ejemplo cenar, y por ello el consumo no desciende tanto como se esperaría hacia el final del día. También se encontró un aumento del consumo por la mañana para iluminación, sobre todo cerca del período de cambio de horario en latitudes templadas, cuando el sol todavía no sale tan temprano, y un aumento por la tarde para refrigeración.

Más allá de la energía: la hora de nuestros cuerpos

Por otro lado, como ya se mencionó, el problema de la elección del huso horario no se limita al ahorro energético. El horario adelantado respecto de la hora solar produce una diferencia entre la hora biológica (que se rige por la hora solar y por el reloj biológico de cada uno) y la hora oficial. A esta diferencia se la conoce como jetlag social: así como los vuelos transmeridianos producen un desfasaje entre nuestro horario interno y aquél del destino, se puede comprobar una desincronización entre los horarios sociales (impuestos por los turnos laborales y escolares, entre otros) y nuestras preferencias y necesidades fisiológicas. Asimismo, en la población existen naturalmente distintos perfiles de preferencia horaria, que se traducen en horarios más tempranos o tardíos entre las personas, conocidos como cronotipos. Los cronotipos más tardíos en general se condicen menos con los horarios sociales y consecuentemente sufren un mayor jetlag social, viéndose forzados a compensar esta falta con horas extra de sueño en su tiempo libre. Esta situación se ve exacerbada cuando hay una hora oficial adelantada con respecto a la hora solar. Se ha encontrado una correlación entre cronotipos tardíos en todas las edades y el cansancio mental al final del día, ánimo deprimido, y el consumo de estimulantes (cigarrillos, alcohol y cafeína). Más allá del mayor impacto en cronotipos más noctámbulos, cabe destacarse que en una situación de horario adelantado por sobre la hora solar toda la población se ve obligada a levantarse antes de lo que lo haría naturalmente, con el consecuente jetlag social, siendo la situación más pronunciada en las provincias occidentales.
Por su parte, los adolescentes expresan naturalmente cronotipos de despertar más tardío. Se ha reportado que la reducción del jetlag social en adolescentes y jóvenes adultos es relevante en la disminución de accidentes de tránsito (¡hasta un 70%!). Este no es un dato menor para Argentina, la cual se encuentra séptima de 41 países en el ranking de 2018 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en víctimas fatales de accidentes viales cada 100.000 habitantes, y que de acuerdo a la Dirección Nacional de Observatorio Vial, en 2017 tuvo como categoría etaria más frecuente de víctimas fatales a aquella de entre 15 y 24 años, constituyendo un 22% aproximadamente del total de víctimas fatales. El rendimiento académico y el ausentismo están también asociados al jetlag social: existen evidencias de que una modificación leve al horario del turno escolar matutino mejora las notas, la asistencia y la salud en general. En la experiencia chilena de doble horario adelantado (UTC-3) durante todo el 2015, se registró un aumento del ausentismo escolar del 2,4%. A su vez en Estados Unidos se asoció la cantidad de horas de sueño, la tardanza y el ausentismo al jetlag social, llegando a observarse una caída del 66% en la tardanza en escuelas secundarias que iniciaron sus actividades más tarde en la mañana y que el porcentaje de alumnos que llegaban a dormir 8 horas se incrementaba de un 49,7% a un 66,2% en los que iniciaban 55 minutos más tarde. A la vez, hubo incrementos significativos del promedio de calificaciones en el primer período en uno o más cursos de inglés, matemáticas, ciencias sociales y ciencias naturales. Finalmente, en nuestro país se encontró una relación significativa entre el cronotipo de los adolescentes y su rendimiento escolar, dependiendo del turno escolar al que estuvieran asignados.

Ajustando el reloj: los beneficios de volver a la hora que marca el sol

En cuanto a costos económicos, un estudio de 2017 en Estados Unidos enfocado sobre el jetlag social causado por horario adelantado al límite de zonas horarias estimó los costos en pérdida de productividad por falta de sueño en 4,40 millones de días de trabajo (1,3 horas per cápita), equivalentes a $ 612,9 millones de dólares (U$S 23 per cápita), así como pérdidas en costos de salud de 2,35 billones de dólares (U$S 82 per cápita) en un año.
Así como podemos medir las pérdidas derivadas de un huso horario inadecuado, es posible predecir los beneficios de volver a la hora que nos corresponde. Los efectos perjudiciales en la salud física y mental de la población, en el desempeño académico, así como en los accidentes viales, especialmente en adolescentes y jóvenes, constituyen una razón más que suficiente para proponer un cambio a UTC-4 y evaluar sus efectos en el futuro. En relación a esto último, dado el contexto de la pandemia de COVID-19, el escalonamiento de horarios y su efecto (positivo o negativo) sobre el jetlag social de la población es un factor a tomar en cuenta, sobre todo si su aplicación continúa después de la pandemia como un recurso para descongestionar el transporte público. En relación al consumo energético, si bien en el contexto de cambio climático actual urge reducir emisiones, en última instancia el problema reside en la manera en que se genera energía. La reducción de la quema de combustibles fósiles en la generación energética del país es la solución efectiva. Y la experiencia del horario doblemente adelantado UTC-2 conllevó un aumento del consumo que pone en cuestionamiento si hay ahorro energético con el UTC-3. Asimismo, la aplicación de dicho horario adelantado en los meses fuera del verano nunca formó parte del consenso sobre medidas de ahorro energético. En resumen, los estudios de varios países muestran que la decisión de la hora oficial merece un enfoque multidisciplinario. En nuestro caso particular, consideramos que este tema amerita una exhaustiva discusión en el Poder Legislativo, con el asesoramiento científico adecuado y la previa consulta con las comunidades de las provincias occidentales que han sido las más afectadas por el horario eternamente adelantado de la Argentina. Es cuestión de que el país retorne, de una vez y para siempre, a la hora señalada.

* Magister en Políticas Públicas de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) y Licenciado en Ciencias Biológicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) (erodofili@mail.utdt.edu) / Doctor en Ciencias Biológicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Profesor Titular de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), Investigador Superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y Director del Instituto Nacional de Educación Tecnológica (INET) / Historiadora, Doctora de la Universidad de Buenos Aires con Mención en Historia e Investigadora Adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ).

© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur


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