¿Dónde Estaba Dios?

Escrito por el 16 marzo, 2020

Vivimos en un mundo convulsionado, en un mundo en que en los últimos tiempos se han producido desastres naturales, como terremotos, tsunamis, huracanes etc.., han aparecido virus difíciles de su sanidad como el coronavirus, guerras donde ha muerto mucha gente, atentados terroristas; en fin, una serie de problemas que han conmocionado al mundo que vivimos y que nos han dejado sorprendidos. Ante esto muchas personas frente a estas situaciones se han preguntado: ¿Dónde estaba Dios?

Tan importante pregunta merece una respuesta que sea satisfactoria para muchas de esas personas que se lo han preguntado y hoy día se lo siguen preguntado.

Ahora bien…, tenemos muy poco para decir a aquellos que, con enfado, decidieron estar en contra de Dios. Solo podemos hacer esta observación: Cuando los ateos preguntan por qué Dios permite estos males, están realmente dando por sentado la existencia de Dios incluso cuando lo critican severamente.  Si Dios no existiese, no podríamos llamar malo a nada, ya sean las convulsiones de la naturaleza o los actos criminales de los seres humanos. En un mundo impersonal que niega la existencia de Dios, cualquier cosa que es, simplemente existe. Todo se reduce a esto: En última instancia, nos enfrentamos con una cuestión de fe. Aquellos que conocen a Dios creerán que Él tiene una razón justificable para la tragedia humana, mientras que otros trataran tal fe con desprecio.

Entonces…, pregunto: ¿Tenemos todavía confianza en Dios? ¿Podemos confiar en un Dios que permite un desastre que seguramente podría haber evitado, o todavía más específicamente, un desastre del cual Él se hace responsable?

Ahora, yo no quiero tener intención de espiar el diario personal de Dios y fingir que puedo ver todos sus propósitos; ciertamente, hay abundantes propósitos divinos que nunca llegaremos a conocer en estos desastres. Finalmente, sólo Dios sabe todos los motivos y los por qué. Más bien, quiero demostrarte que el mal natural no es incompatible con un Dios bueno y compasivo.

Pero cuando vamos a la Biblia, se nos ofrece discernimiento; no es que todas las preguntas tengan respuesta, pero por lo menos podemos ver que Dios no ha pasado por alto los defectos de su planeta. Él no es indiferente ni ignora lo que ha salido mal en la naturaleza. Para comenzar, hay una vasta diferencia entre el mundo que Dios creó originalmente y el que hace erupción con terremotos, coronavirus, desastres en general.  Algo está fuera de quicio y nuestro mundo está para que Dios lo arregle. Estamos viviendo en un planeta que fue perfecto pero que ahora es defectuoso. El pecado lo cambió todo. Entonces me pregunto: ¿El pecado cambio el mundo?

Pablo lo expresó de esta manera: “Considero que los sufrimientos del tiempo presente no son nada si los comparamos con la gloria que habremos de ver después. La creación espera con gran impaciencia el momento en que se manifieste claramente que somos hijos de Dios. porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto”.

En fin…, me pregunto ante lo planteado, ¿Deberíamos absolver a Dios de la responsabilidad?

Debido a que los desastres por sí mismos parecen dar una imagen desfavorable de Dios, es comprensible que mucha gente, me refiero a los cristianos, quieran absolver a Dios de todas y cada una de las responsabilidades por estos horribles acontecimientos. Dicho claramente, quieren “rescatarlo de una situación difícil” a fin de conservar su imagen bondadosa.

Tratando de proteger su reputación, muchos han intentado poner la mayor distancia posible entre la naturaleza y Dios. Algunos lo hacen así hablando de Dios como si fuese un espectador afectuoso. Otros presentan un Dios débil que puede hacer poco acerca de las calamidades o un Dios que es superado por el enemigo.

Y para concluir, pienso que cada uno de ustedes tendrá una respuesta quizás diferente o no para estas preguntas, solo puedo decirles que mi respuesta a esto es: Que nunca nos cansaremos de recordar que Dios es soberano, tanto en los eventos históricos como en los naturales, y que Él es digno de toda nuestra fe y confianza. Porque:

Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia.  Por eso, no temeremos, aunque se desmorone la tierra y las montañas se hundan en el fondo del mar; aunque rujan y se encrespen sus aguas, y ante su furia retiemblen los montes.

“Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Yo seré’ exaltado entre las naciones!  ¡Yo seré enaltecido en la tierra!” El SEÑOR Todopoderoso está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob.

Leer Salmo 91

 


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