Cuando vivís sin preocupaciones

Escrito por el 22 octubre, 2019

Hay una presión profunda en nuestra sociedad por ser el número uno, si no somos el mejor, el líder, el más rápido, el más talentoso, la más hermosa o el más exitoso, se nos enseña que no debemos sentirnos bien con nosotros mismos. Tenemos que trabajar más duro, que correr más rápido, que debemos mantenernos a la cabeza.

Si tu vecino se muda a una casa nueva, en lugar de sentirnos inspirados y estar felices por él, somos desafiados a pensar: “Esto me está haciendo poner mal. Tengo que mantener el ritmo”. Si un compañero de trabajo obtiene un ascenso, nos sentimos como si estuviéramos quedándonos atrás. Sabemos que no nos podemos comparar cuando un amigo nos dice que se va a ir de vacaciones a Europa y nosotros vamos a la casa de la abuela a unos diez kilómetros de distancia.

Si no tenemos cuidado, siempre habrá alguien o algo haciéndonos sentir como si no fuéramos iguales, no estamos yendo lo suficientemente lejos.  Siempre que compares tu situación con la de los demas, nunca te sentiras bien con vos mismo, porque siempre habrá alguien más talentoso, más hermosa, más exitosa.

Tenes que darte cuenta de que no estás corriendo la carrera de alguien más, sino que vos estas corriendo tu propia carrera y vos tenes una misión específica. Dios te ha dado exactamente lo que necesitas para la carrera que ha sido diseñada para vos. Un amigo, un compañero de trabajo o un pariente al parecer tienen  una capacidad más importante, puede desempeñarse mejor y más rápido que vos. Eso está bien. Vos no estás compitiendo con ellos, ya que tienen lo que se necesita para su misión, y vos contas con lo que necesita para tu misión.

No cometas el error de tratar de seguirles el paso, preguntándote: ¿Por qué no puedo vivir así? ¿Por qué no puedo ser el gerente? ¿Cuándo voy a alcanzar el siguiente nivel? Si vos no estás contento con tu capacidad, cómodo con quien Dios te creo, iras por la vida frustrado y con envidia pensando: Desearía verme como ella. Me gustaría tener su talento. Me encantaría ser dueño de su negocio. No, no…, si vos tuvieras lo que ellos tienen, no te ayudaría; te detendría, porque ellos tienen una misión diferente.

Una de las mejores cosas que debes entender es estar cómodo con quien Dios te hizo. No tenes que desempeñarte mejor que nadie más para sentirme bien con vos mismo, ya que no tenes que ganarle a nadie a construir, a conducir, a correr, o a producir.  No se trata de nadie más, solo se trata de convertirte en quien Dios te creo.

Mira…, es bueno estar a favor de tener metas, de extenderse y de creer en grande, eso es importante, pero vos necesitas aceptar la habilidad que Dios te haya dado. Pues, no deberías sentirte menos si alguien al parecer tiene una habilidad más importante, lo que se requiere es una persona segura para decir: “Estoy cómodo con quién soy”.

Y esta es la clave: Vos no necesitas tener una gran capacidad para que Dios te use de gran forma. ¿Sabes vos cual fue la habilidad de David que lo puso en el trono? No fueron sus habilidades de liderazgo. No fue su personalidad dinámica. No fue su capacidad para escribir y tocar música. Fue su habilidad para lanzar piedras con su honda, era un tirador preciso con la honda. Él podría haber pensado: Grandioso. Gran cosa. Soy bueno con la honda. Esto no me va a llevar a ningún lado. Estoy en el campo do pastoreo, solo y no hay nadie, solo un montón de ovejas. Pero fue su honda, esa habilidad al parecer insignificante, lo que lo llevo a derrotar a Goliat y lo que finalmente puso a David en el trono.


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