Cuando nuestras palabras nos llevan a problemas

Escrito por el 18 diciembre, 2019

Abandonen toda amargura, ira, y enojo, gritos y calumnias y toda forma de malicia”

Mira, todas las palabras que describe este versículo identifican los elementos que nos meten en problemas: ira, mal carácter, resentimiento, enojo, rencor, contienda, gritería, mala voluntad o cualquier tipo de vileza.

¡Qué listita eh! ¿Cuál de estas

Y te pregunto: ¿Cuál de estas actitudes representa el mayor problema para vos?

A veces es una verdadera lucha renunciar a alguna de estas actitudes y convertirte en una persona amable, y es importante que sepas que si Dios puede hacer un milagro en otros también lo puede hacer en vos.

Vos, yo no tenemos que ser de mal carácter o temperamento, no tenemos por qué enojarnos cada vez que algo no sale como lo esperamos.

Debemos ser rápidos para escuchar, pero lentos para hablar, para sentirnos ofendidos y enojados, pero de todo esto lo más importante y lo más difícil, es ser lentos para hablar, porque una vez que la lengua empieza a volar, otras cosas volaran con ella.

Todos nos disgustamos cuando hacemos nuestros planes y luego algo los echa a perder y cuando te ocurre esto, debes aprender a respirar profundo, tomar aire, cerrar tu boca por un minuto y asumir el control de vos misma, para luego seguir con tu vida.

Las cosas no tienen que ser siempre como yo quiero y me puedo adaptar y puedo cambiar mis planes y cuando son cambiados entonces, ahora “nadas hacia dónde va la corriente”.

Y este nadar con la corriente tiene un doble significado a causa de un incidente que por ejemplo ocurría u ocurre con tus hijos cuando son pequeños, cada vez que te sentas a comer con ellos, alguien derramaba un vaso de bebida y seguro que cuando te sucedía o sucede esto, el enemigo utiliza el incidente para que te disgustes, te enojas rápidamente y comenzas a decir: “¡N0 puedo creerlo! ¡Mira lo que hiciste! ¡Pasé todo el día preparando esta comida para que lo arruines! No me digas que no te ha ocurrido alguna vez esto.  Pero quiero decirte que no eran tus hijos quien te arruinaba la comida, era otra persona: ¡el enemigo!  Ya que vos creías que el problema era la leche derramada, pero en realidad el problema está en vos. Pensa que tal vez Dios permite ciertas cosas para ayudarte a eliminar ese espíritu de impaciencia que hay en vos.

¿Sabes una cosa? Cuando estas atrapada en una situación así, que no podés modificar, hagas lo que hagas, es cuando necesitas aprender a aceptarla con alegría. Si, “Aceptación con alegría”. Esa es una frasecita corta y útil que debes aprender, ya que Dios te está enseñando a decir en tales situaciones: “Bueno, ha ocurrido otra vez y solo Dios puede cambiarla. Y si Él no lo hace entonces mejor la acepto con alegría”.


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