Cuando necesitamos un cambio de nuestra direccion

Escrito por el 13 agosto, 2019

Vos sabes que nunca es muy tarde para cambiar, y que el cambio no necesariamente asegura el progreso, pero el progreso implacablemente requiere del cambio.

Aun cuando hemos hecho la decisión de iniciar un cambio en esta vida, va a haber ocasiones en que nos desviamos del camino, en menor o mayor grado, lo que es muy importante durante estos tiempos, es que no debemos desanimarnos y que nunca nos tenemos que convencer a nosotros mismos que: “Yo sabía que esto nunca iba a funcionar” “No vale la pena seguir intentando”

Sino que de inmediato hagamos una corrección en nuestra dirección, a fin de que podamos regresar y alinearnos con nuestro propósito y debemos perseverar en poner en funcionamiento, aplicar los métodos y medidas necesarios para llevar algo a cabo el cambio.

Una de las cosas más tristes que a veces escuchamos de la gente a través de los años es la frase: “yo no puedo cambiar”

Y si vos estas pensando así, te pregunto, ¿Acaso te has convencido a vos mismo que no podes regresar debido a que te has desviado de tu sueño? Es necesario que comprendas que Dios nos dice que conoce los planes para nuestra vida y que no son de calamidad sino de éxito, entonces.., si hay algo que nos debemos a nosotros mismos  y a Dios, es el hecho de buscar con todo nuestro corazón ese sueño que Dios nos ha dado y cuando regresamos a nuestro sueño o visión original y nos damos cuenta de quien somos y para que hemos sido formados, entonces, vamos a recibir una nueva energía que nos va a impulsar hacia adelante en un cambio positivo.

Tal vez vos nunca has llegado “a despegar” y todavía te encontras inactivo en la pista del aeropuerto, o te desviaste de curso a mitad de vuelo, nunca es muy tarde para cambiar.

Y acá me voy a detener unos instantes para contarte algo que te va a servir de ejemplo, es la historia de un hombre de edad muy avanzada al que Dios se le acerco con una propuesta muy inusual: Le pidió que se fuera de su tierra, de sus padres y de sus parientes a otra tierra que El le mostraría y  que haría de este hombre una nación grande y prosperaría su nombre y seria de  abundancia para esa tierra.

Y le dijo que a sus descendientes le daría esa tierra, e incluso a la edad tan avanzada de este anciano un viaje de esta naturaleza no podría haber sido posible, pero…, había otro problema en este hombre: el no tenía ningún hijo y la sugerencia de que su “descendencia” iba a heredar la tierra era algo ridículo a la luz de esta situación.

Pero…, yo digo…, Dios no pensó que era muy tarde para que este hombre alcanzara un nivel mucho mayor y que pudiera ser padre de un hijo a una edad tan avanzada, ya que tardo veinticinco años en venir ese hijo.

La razón por la cual necesitamos permitir que Dios haga estas decisiones en lugar de hacerlas nosotros, porque si nos rendimos demasiado pronto, vamos a pasar por alto o incluso vamos a impedir la llegada de cosas importantes de cambio para nuestra vida.

Fíjate que este hombre de la historia, pudo haberle dicho a Dios “ya es muy tarde para mi” y hubiese impedido algo tan importante, ya que se trataba del nacimiento de la nación de Israel.

Por eso en necesario que vos puedas notar que no fue una decisión privada sino que fue una decisión que afecto la historia de manera muy importante.

Nunca debemos asumir de antemano que nuestras decisiones para iniciar el cambio solo nos van a afectar a nosotros, y si no escucha este ejemplo, el líder africano Nelson Mandela salió de la prisión cuando el tenia más de setenta años de edad y se convirtió en el presidente de Sudáfrica y yo me pregunto cuantas veces acaso el pudo haber pensado, mientras que estaba sentado en su celda, ¿Que tan viejo voy a ser cuando llegue a salir de aquí? “Voy a ser completamente inútil”.

Qué bueno que él nunca dijo, que es muy tarde para que yo pueda cambiar, es muy tarde para que yo pueda dirigir a una nación, y que pueda ayudar a toda esta gente.

Y qué bueno que es mirar con toda honestidad, para ver en donde nos encontramos con relación a los cambios que tienen un propósito de lo que queremos hacer en nuestra vida.

¿Acaso nos encontramos en la dirección correcta o nos hemos desviado?

La mayoría de nosotros sabemos la dirección en que debemos ir, sabemos nuestros hábitos diarios, y dentro de nuestro corazón, sabemos exactamente lo que estamos haciendo y hacia donde nos dirigimos.

Por ejemplo, si vos te mantenes yendo a trabajar tarde y haces que tu jefe se enoje, vos ya sabes cuál es tu futuro, por lo menos, el futuro de tu trabajo; si vos no haces ejercicio y tampoco comes de forma correcta vos sabes en la dirección en que te dirigís con relación a tu salud, si vos estas mintiendo acerca de tus relaciones o acerca de ciertas cosas que no deberías estar haciendo, vos sabes que vas a acabar por lastimar a otros, y a vos mismo.

Y yo te pregunto… ¿Acaso queres mantenerte en la misma dirección que no tiene productividad alguna y que incluso es contraproducente para vos?

Si vos vas a permanecer en curso, o vas a hacer el cambio de dirección correcto, debes tomar “las rutas de escape” que Dios te está mostrando, para cada tentación, Dios siempre te va a dar una salida, cuando sentís que Dios está diciendo cosas tales como, “salta ahora”, “no lo llames”, “no contestes el teléfono”, o “no vayas ahí”, “no debes escucharlo”.

Aun en las ocasiones cuando vos pensas que te encontras en la dirección correcta, debes tomar un tiempo periódicamente a fin de examinar, renovar, revisar y volver a enfocarte en la ruta de tu vuelo, tan frecuente como sea necesario.

De nuevo debes preguntarte a vos mismo, ¿Acaso voy en el camino donde realmente quiero ir? ¿Acaso me estoy convirtiendo en el hombre o en la mujer en que yo me prometí llegar a ser? ¿Acaso estoy haciendo las cosas que me van a llevar a desarrollar el tipo de persona que quiero llegar a ser?

 


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