¿Qué hacer ante el fracaso?

Escrito por el 4 julio, 2018

¿Vos sabias que fuiste hecho para triunfar y provocar el éxito?

En cierta oportunidad, en una playa no muy lejana, un hombre se encontró con un viejo amigo y le contaba, que le avergonzaba volver a Dios ya que él había tenido una enfermedad terminal y que cuando estaba pasando por quimioterapia, volvió a las drogas.

Y le continuaba relatando a su amigo, que él se sentía bloqueado a causa de su recaída con drogas, ya que él creía estar acabado totalmente, arrastrado como una de esas piedras en la arena, azotado y como si hubiese sido lanzado por las olas sobre la playa.

Este amigo abrazo al hombre y le dijo: “Te aseguro que Dios te ama y no te ve como un fracaso y El permitió que nuestro camino se cruzara, porque te quería hacer saber que él cree en vos, a pesar de todo. Dios te ve como alguien que el ama y con quien desea pasar tiempo con vos eternamente”.

Este hombre solo estaba paseando junto a un amigo y mientras caminaba por la playa, y Dios lo amaba tanto que quiso animarlo, por lo tanto, Dios uso a ese amigo en ese lugar a muchos kilómetros de distancia de su casa, para que ese hombre pueda comprender que Dios estaba pendiente de lo que estaba sufriendo.

Por eso en cualquier lugar de la tierra donde vos te encuentres Dios también está pendiente de vos y se desvivirá por encontrarte donde te halles, a fin de ayudarte a seguir adelante otra vez en la dirección correcta y Dios siempre se desvive por ayudarnos.

Sin embargo, ¿Por qué es tan difícil ver eso cuando fallamos?

En medio del fracaso, la vergüenza tiene gran parte de la culpa, cuando se trata de llegar a otros, demasiadas personas sienten vergüenza de pedir ayuda, ya que creemos que pedirla es admitir que somos menos que perfectos, sin embargo, ¡somos memos que perfectos! ¡Somos imperfectos!

Entonces…, ¿Por qué creer que debamos conservar cualquier otra apariencia? Somos humanos, y el Dios que nos creó de ese modo lo entiende. Si Jesús comprende nuestras debilidades porque el paso por las mismas pruebas y tentaciones que nosotros, pero nunca peco y que nos quiere decir con estas palabras; que Dios no está fuera de contacto con nuestra realidad, así que caminemos directamente hacia él y obtengamos lo que está listo a darnos, entonces…, acerquémonos confiadamente para recibir su comprensión y su ayuda cuando la necesitemos.

Ahora bien, te pregunto ¿No es fantástico esto? si aceptamos su ayuda, Dios nos concede una mano compasiva. Y tal vez te preguntes ¿Cómo podemos recibir su ayuda extraordinaria? Para ello debemos aceptar nuestros errores, nuestras faltas y pidámosle ese auxilio.

Como necesitamos unos de otros, fuimos hechos para relacionarnos, puesto que fallamos en nuestras vidas necesitamos personas que unan brazos con nosotros, que nos animen y que estén a nuestro lado.

Cada uno de nosotros fracasara en algo en algún momento y cuando nos encontramos caídos somos más vulnerables, estamos abatidos y nos cuesta volver a levantarnos. También debemos ser la clase de personas que animan y apoyan a otros cuando se hallan en necesidad, todos estamos en proceso de transformación, es decir que cometemos equivocaciones a medida que nuestros cuerpos, mentes y espíritus crecen y eso es parte del crecimiento: a veces nos tambaleos, a veces grandes caídas.

Dios no espera que seamos perfectos, pero si espera que aprendamos y nos esforcemos, que mejoremos y que nos neguemos a permitir que el fracaso nos derrote.

El fracaso es un desvío momentáneo, pero no es un camino sin salida, ya que toda persona en el planeta ha experimentado fracaso, pero solo porque falles no significa que seas un fracasado. Por eso si hay algo que, deseo que entiendas respecto al fracaso es que este no es definitivo; se trata de una demora, y no de una derrota, ni de un desvío, ni de una calle sin salida, vos estas hecho para elevarte por encima del fracaso y tener éxito.

Vos tenes el espíritu de levantar y animar a los demás, sé que no sos un derrotista y el hecho de que me estés escuchando e interesándote por más en la vida es una señal de que mañana vas a querer ser mejor que hoy, con ese ímpetu nunca fracasaras y Dios te llevara a donde quiere que estés.

El fracaso es algo que sucede, no una persona y cuando pienso en individuos que se sobrepusieron al fracaso, pienso en Pedro, uno de los discípulos de Jesús. Pero no creo esto porque Pedro personifique el fracaso, pues no es así, ya que el fracaso no es lo que somos o aquello en lo que nos convertimos, sino uno o varios hechos en nuestras vidas que van y vienen, pues el fracaso es un acontecimiento que las personas superan.

Y Pedro era esa clase de individuo, de la clase que la mayoría de nosotros podemos entender: con quien nos podemos relacionar. Él era un pescador tosco e insolente, propenso a enojarse con facilidad y a decir exactamente lo que pensaba y sentía precisamente cuando lo sentía, sin importar que sentimientos estuvieran en juego. Pero Jesús vio gran potencial en Pedro, es más creía tanto en el que le dio ese nombre: Pedro, que significa “piedra”.

Cuando ambos se conocieron, el nombre de Pedro era Simón, pero Jesús vio la fortaleza del hombre como de una piedra, y así lo llamo. Eso es muy animador porque Pedro experimento muchos fracasos personales, y sin embargo eso no es lo que Dios ve cuando nos mira a alguno de nosotros. El no ve el fracaso como un distintivo en una camisa, Dios no ve fracaso cuando nos mira, observa nuestros corazones y ve tanto lo que somos como aquello en lo que nos estamos convirtiendo, ve la posibilidad en nosotros, una fortaleza tan fuerte como la roca; el potencial.

Dios vio muchas virtudes en Pedro, quien trabajo fielmente con Jesús durante tres años. Sin embargo, este hombre también le falló a Jesús, ya que Pedro cometió toda clase de equivocaciones, algunas pequeñas y otras grandes. En una ocasión no le gusto lo que Jesús estaba diciendo y comenzó a corregirlo y reprenderlo.

¿Te podés imaginar corregir a Jesús?

A pesar de las deficiencias de Pedro, Jesús nunca perdió las esperanzas en él, amaba a Pedro, y mucho antes de que ambos se conocieran, Jesús sabía que el hombre le iba a fallar y lo que es grandioso y debería animarnos es que cuando Pedro fallo, Jesús no lo echo como discípulo, no lo regaño, ni le echó en cara todas las equivocaciones, otras personas podrían reaccionar así, pero no Jesús.  En vez de eso, pidió por Pedro y le mostro confianza; y le hizo saber que de todos modos lo amaba y que había pedido por el para que no fallara su fe.

¿Comprendiste esto?

Dios siempre está gritando con fuerza por nosotros, Él no está contra nosotros, esperando que arruinemos todo para poder regañarnos. No, él está por nosotros, y cree en nosotros, el fracaso no es una persona, y el amor de Dios por Pedro lo prueba. Y a pesar de todo Pedro negó a Jesús y no una vez sino tres veces.

Por ello debemos tener más compasión por el otro y no comenzar a juzgar, que triste esto, ¿Por qué es tan fácil juzgar a otros, y tirar piedras a personas que de pronto se encuentran en casas de cristal a causa de sus fracasos que se vuelven públicos? Debemos conocer a las personas por sus frutos o sus acciones, ya que debemos conocer a los otros por su fruto y entenderlos por sus raíces y no juzgarlos; ya que no sabemos que han experimentado otras personas o que problemas han afrontado, o simplemente como habríamos actuado nosotros si hubiéramos estado en la misma situación.

Muchas veces tratamos a quienes no han vivido a la altura de nuestras expectativas como si fueran ciudadanos de segunda clase y es bueno preguntarnos ¿Y si esa persona fuera mi hija, o mi hijo? o ¿Si ese fuera yo?  Mira…, te puedo asegurar que juzgar y condenar no cura a nadie.

Todos pueden fallar, porque todo el mundo falla en algún momento de su vida, pues si esperas perfección de los demás te vas a quedar muy desilusionado.

Y hay una historia muy buena sobre una mujer sorprendida en adulterio, que ilustra esto que te digo más arriba y sé que muchos religiosos pensaran que era su deber humillar en público a la mujer y matarla a pedradas y lo que hicieron fue arrojarla a los pies de Jesús para ver qué haría él.

Pero el modo en que Jesús los sorprendió revela el corazón de Dios, se volvió hacia la iracunda multitud de acusadores, y luego comenzó a escribir en el suelo con una vara mientras decía: “Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”

Después de leerlo varias veces me pregunte: ¿Que habrá pensado cada hombre desde el más viejo hasta el más joven, que todos fueron soltando las piedras y se marcharon?

No sabemos que escribió Jesús en la arena ese día, pero ¡Y si fueran las faltas que cada uno de estos hombres había cometido? Tal vez Jesús garabateo en la arena; Mentiroso, ladrón, chismoso, tramposo, no lo sabemos, pero lo que sí sabemos es lo que él hizo a continuación, levanto a la mujer, mirando cómo se alejaban los hombres.

Y le pregunto a la mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ya nadie te  condena?

Nadie, Señor.

Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar.

Después de escuchar esto llego el momento de que dejemos a un lado nuestras piedras y comencemos a intentar levantar a todos aquellos que han fallado. Toda persona merece otra oportunidad en la vida, por eso es importante para cada uno de nosotros tratar de restaurar al caído y no simplemente desecharlo. Pues en todo momento debemos tratar a los demás como queremos que nos traten a nosotros.

Toda persona necesita recibir ánimo, cuando estas ayudando a aquellos  que han caído estas sembrando semillas para tu propio futuro y preparándote para ganar;  por ello se amable con aquellos que están heridos, y encontraras amor y bondad en tu futuro, cuando vos extendes la mano con el fin de levantar del fracaso a otros, te estás llenando de poder para levantarte por sobre cualquier fracaso y adversidad y entrar en los maravillosos planes que Dios ha preparado para vos.

 


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