¿Nos ponen en problemas las palabras?

Escrito por el 4 abril, 2018

Abandonen toda amargura, ira, y enojo, gritos y calumnias y toda forma de malicia

Mira, todas las palabras que describe este versículo identifican los elementos que nos meten en problemas: ira, mal carácter, resentimiento, enojo, rencor, contienda, gritería, mala voluntad o cualquier tipo de vileza.

¡Qué listita eh!

Y te pregunto: ¿Cuál de estas actitudes representa el mayor problema para vos?

A veces es una verdadera lucha renunciar a alguna de estas actitudes y convertirte en una persona amable, y es importante que sepas que si Dios puede hacer un milagro en otros también lo puede hacer en vos.

Vos, yo no tenemos que ser de mal carácter o temperamento, no tenemos por qué enojarnos cada vez que algo no sale como lo esperamos.

Debemos ser rápidos para escuchar, pero lentos para hablar, para sentirnos ofendidos y enojados, pero de todo esto lo más importante y lo más difícil, es ser lentos para hablar, porque una vez que la lengua empieza a volar, otras cosas volaran con ella.

Todos nos disgustamos cuando hacemos nuestros planes y luego algo los echa a perder y cuando te ocurre esto, debes aprender a respirar profundo, tomar aire, cerrar tu boca por un minuto y asumir el control de vos misma, para luego seguir con tu vida.

Las cosas no tienen que ser siempre como yo quiero y me puedo adaptar y puedo cambiar mis planes y cuando son cambiados entonces, ahora “nadas hacia dónde va la corriente”.  Y este nadar con la corriente tiene un doble significado a causa de un incidente que por ejemplo ocurría u ocurre con tus hijos cuando son pequeños, cada vez que te santas a comer con ellos, alguien derramaba un vaso de bebida y seguro que cuando te sucedía o sucede esto, el enemigo utiliza el incidente para que te disgustes, te enojas rápidamente y comenzas a decir: “¡N0 puedo creerlo! ¡Mira lo que hiciste! ¡Pasé todo el día preparando esta comida para que lo arruines! No me digas que no te ha ocurrido alguna vez esto.  Pero quiero decirte que no eran tus hijos quien te arruinaba la comida, era otra persona: ¡el enemigo!  Ya que vos creías que el problema era la leche derramada, pero en realidad el problema está en vos. Pensa que tal vez Dios permite ciertas cosas para ayudarte a eliminar ese espíritu de impaciencia que hay en vos.

¿Sabes una cosa? Cuando estas atrapada en una situación así, que no podés modificar, hagas lo que hagas, es cuando necesitas aprender a aceptarla con alegría. Si, “Aceptación con alegría”. Esa es una frasecita corta y útil que debes aprender, ya que Dios te está enseñando a decir en tales situaciones: “Bueno, ha ocurrido otra vez y solo Dios puede cambiarla. Y si Él no lo hace entonces mejor la acepto con alegría”.

No importa que tan furiosa estés o que te enojes tanto, no importa tu impaciencia, o el arrebato de cólera, nada de eso revertirá o cambiará tu mala situación. Si vos estas atrapada o en un trancé que podés enojarte y desesperarte durante un tiempo, pero eso no agilizara la llegada a tu destino ni un segundo siquiera. Pero si es posible que esas palabras impacientes y airadas te metan en problemas y te produzca un dolor de cabeza, un ataque de nervios etc.

Y te pregunto: ¿Vale la pena?

Por eso Dios quiere que vayas con la corriente y Él nos dice que: “Vivan en armonía los unos con los otros. No sean arrogantes, altivos sino adáptense a la gente y a las cosas y sean humildes. No se crean los únicos que saben”

Ante esto debemos aprender a ser personas que nos adaptamos y nos moldeamos y desde luego eso no significa que no existan ciertas cosas que debemos resistir o cambiar y que ni debemos permitir que el mundo y el enemigo pasen sobre nosotros. Pero cada día enfrentamos unos cuántos asuntos menores que roban nuestra paz, circunstancias acerca de las cuales no podemos hacer absolutamente nada. Debemos aprender a manejar esas pequeñas irritaciones y disgustos, calmarnos y evitar la histeria cada vez que el asunto más pequeño marche mal.

Como vimos en la palabra de Dios que nos dice “No se crean los únicos que saben”, ya que tenemos de nosotros mismos una opinión tan inflada que nos creemos con el derecho a que todo se haga y ocurra a nuestro gusto y manera.

Por eso es que nos enojamos tanto cuando las cosas no se hacen como queremos o esperamos, pues el enojo genera palabras iracundas, y generalmente terminamos hiriendo a los demás.

“¿De dónde vienen las guerras y las peleas entre ustedes? Pues de los malos deseos que siempre están luchando en su interior. Ustedes quieren algo, y no lo obtienen; matan, sienten envidia de alguna cosa, y como no la pueden conseguir, luchan y se hacen la guerra. No consiguen lo que quieren porque no se lo piden a Dios” esto dice su palabra.

Ahora bien…, debemos admitir que tenemos un tremendo problema con el egoísmo, ¿no es verdad? Muchas veces ese egoísmo hace que tu naturaleza humana se deleita en él. Esa naturaleza siempre quiere las cosas a su manera, pero vos no podés permitirle que se salga con la suya.  Y esa negación causa conflictos.

¿Vos sabes por cuales dos razones principales discuten la gente?

En primer lugar, para probar que tienen razón, porque todos queremos tenerla. Y segundo, para que todo se haga a su manera, porque queremos qua todo se haga como lo deseamos. Necesitamos aprender que Dios es el único que puede hacer que nuestros asuntos marchen bien. Cuando eso no ocurre necesitamos calmarnos y ejercitar un poquito de humildad, conscientes de que las cosas pequeñas por las cuales armamos tanto alboroto no hacen, finalmente, mucha diferencia en la vida. Lo importante es la unción de Dios, y lo único que mantiene esa unción es nuestra disposición a vivir juntos en paz y armonía.

¿Por qué comenzamos guerras por cosas pequeñas e insignificantes? Porque queremos tener la razón, y que se haga siempre nuestra voluntad, lo cual es egoísmo.

¿Cuál es la solución al problema del egoísmo?

El amor que se interesa más por las opiniones y los deseos de los demás, que por los nuestros.  Debemos escoger avanzar hacia un nivel más alto, renunciar a que todo sea conforme a nuestra voluntad siempre, y recordar que todo lo que hay en el corazón finalmente encontrara salida por la boca.

La paz tiene un precio, pero si estamos dispuestos a pagarlo las recompensas valen la pena.

Por eso Dios quiere que caminemos en paz, mira cuando Jesús envió a sus discípulos de dos en dos, les instruyó que fueran a cada ciudad y buscaran una casa apropiada para morar, diciéndole a la gente de la casa: “Paz sea a vosotros”.  Agrego que si eran aceptados permanecieran en la casa y ministraran, pero si eran rechazados salieran y sacudieran aun el polvo de sus pies.

Y me pregunto porque Jesús dijo tal cosa. Porque si los discípulos permanecían en una casa o ciudad que estaba en contienda, no podían hacer un verdadero trabajo en ella. ¿Sabes por qué?

Porque la contienda aflige o entristece a Dios, cuando la paz se va Él se va con ella y es Dios quien en realidad hace el verdadero trabajo administrativo.

para que la Palabra de Dios se arraigue debe ser sembrada en un terreno de paz, por alguien que camina en paz; por eso, si vos deseas o pretendes trabajar para Dios, tenes que eliminar de tu vida la contienda.  Así de sencillo.

Por eso; “…elijan hoy a quien servimos.”

Aunque es el enemigo quien procura y hace todo lo posible para que nos enojemos, en realidad no es él quien nos obliga a hacerlo; nos enojamos porque decidimos que así sea. La elección siempre es nuestra. Debemos saber que la forma como vos y yo reaccionamos en cada situación es una elección. Cada uno de nosotros tiene sus propias actitudes. Y las actitudes producen reacciones ante las situaciones, y todo el día y todos los días reaccionamos ante diferentes situaciones, pero no siempre lo hacemos de la misma manera.

Mira, vamos a este ejemplo, ¿Por qué dos personas que se ven atrapadas en la misma congestión vehicular reaccionan de maneras diferentes? Sus   diversas actitudes las llevan a decidir de manera diferente.  Por eso es que a veces cuando le decimos algo a dos personas distintas, una se ofende y enoja, mientras que la otra no se molesta para nada.  Tengo una Y quizá, los que me están escuchando, una persona piense que es maravilloso lo que he dicho, mientras la otra piensa que es terrible.

¿Por qué esto? Tal vez porque una es insegura y la otra no.

De la misma manera vos y yo tenemos la opción de elegir como reaccionaremos ante las diferentes situaciones de la vida.

“Y quizá, vos podés decirme, eso no puede ser tan sencillo como hacer una simple elección. Como usted lo dice Luis, las personas son diferentes y por lo tanto tienen distintas maneras de percibir, experimentar y relacionarse con las circunstancias y la influencia externa”.

Y te digo, que cada uno de nosotros time un carácter y una conformación psicológica diferente, y que cada uno de nosotros ha sido expuesto a diversas experiencias en la vida, las cuales nos han formado y moldeado de manera distinta. Sé que en nosotros hay heridas y otro tipo de lesiones de orden mental, emocional y espiritual, y que no hay nadie que sea exactamente igual a otro. Pero la verdad es que, a pesar de nuestras diferencias, todos tenemos la capacidad de elegir como reaccionaremos ante las circunstancias y situaciones externas.

Nuestras lesiones y heridas pasadas nos hacen reaccionar negativamente, pero podemos superar y cambiar esas respuestas negativas aprendiendo la Palabra de Dios y escogiendo actuar de acuerdo con ella, en lugar de reaccionar ante las circunstancias.

Dios nos ha creado con libre albedrio, con una voluntad libre, con la capacidad y la libertad de tomar nuestras propias decisiones en la vida. Creo que la palabra que Él está compartiendo con nosotros en este momento es la misma que les dijo a los hijos de Israel en los días de Josué:  …escoge hoy a quién servís….  En otras palabras: ¡Crezcan!


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