Hablemos de Mediocridad

Escrito por el 28 febrero, 2018

Un proverbio chino dice que “Si no cambiamos la dirección de nuestros pasos, terminaremos llegando allí adonde nos dirigimos”.

¡Cuánto sentido común!

En esta sencilla definición que parecería de locura podría decir que es loco creer que llegaremos a determinado destino cuando nuestros pasos no se realizan en el camino que lleva a dicho destino. Así, no podremos llegar a ser guitarristas si estamos estudiando piano (o si no estudiamos nada), y tampoco llegaremos a ser arquitectos si estudiamos veterinaria (o si no estudiamos nada).

Entonces pienso, no sé, me pregunto…….

¿Puede el hombre de hoy “llegar a ser algo” si recorre solamente el camino del me parece?

¿Puede acaso alguien llegar a algún lado sino no recorre exactamente el camino que conlleva hacia el destino querido?

Acaso entonces no será que este es el drama de nuestro mundo y del ser humano de hoy, el querer creer que soy y no soy valga la redundancia

¿Pero qué hace el hombre medio de hoy?

Recorre un camino que no conduce allí adonde quiere dirigirse, busca llegar a ser desde el parecer. En el fondo, parecería que no quiere ser sino simplemente parecer. Todos sus esfuerzos están permanentemente puestos en simular ser algo que no es; en eso se juega la vida. Quiere ser bueno y virtuoso, pero al no estar dispuesto a realizar el esfuerzo voluntario de recorrer el camino que lo conduce allí, se contenta tan solo con parecerlo. Vislumbra el largo y trabajoso camino que le llevará a constituirse como un hombre de raza, y por temor al esfuerzo, renuncia a ese camino y escoge un atajo: el atajo de la mediocridad. Son mediocres. Vagos profesionales.

Quiere saber, pero por no estar dispuesto a realizar el esfuerzo genuino por aprender, simula su saber transformándose en un experto opinador de cuanto tema surja en una conversación. Sí…, el mediocre puede opinar con un aire de certeza sobre casi cualquier cosa, vulgar o profunda. Habla con sabiduría tanto de fútbol como de la existencia de Dios; tanto de botánica como de física nuclear; tanto de Aristóteles como de buenos vinos.

¿Creerán, acaso, estas personas que han caído en la mediocridad, que el simular les proporcionara finalmente lo que anhelan?

¿Tendrá la íntima convicción de que aparentando ser bueno podrán llegar a serlo alguna vez?

¿Creerán, por fin, contradiciendo a la milenaria sabiduría china, que una persona puede llegar al objetivo propuesto sin importar el camino que tome para alcanzarlo?

Entonces…quiere decir que ser mediocres….

¿Es conformarnos con lo normal, con lo bueno solamente y con llegar (al menos) a la mitad del camino?

Y vos sabes una cosa ……….acá me surge otra pregunta:

¿Es mala la mediocridad en sí misma?

Sin pretender defender lo indefendible, en mi opinión, la mediocridad en sí misma no es mala o negativa o perjudicial, pero cuidado, compréndeme esto que te digo, porque no es que con esto me estoy contradiciendo respecto a la mediocridad

¿Por qué?

Porque la mediocridad sirve para que vos te des cuenta de que debes apuntar hacia la altura a la que el mediocre no puede llegar, ya que lo que vos llamas normal, lo de media calidad, sirve para mostrarte que ya no es posible que sigas en ese nivel, sino que hay que avanzar un paso más, pasar a otro nivel. De esta manera, el mediocre te sirve a vos que sos inteligente a no quedarte en una actitud de conformismo, acomodaticia, sino que comiences a pasar a otro nivel mejor.

Entonces……

¿Cuál es el problema real de la mediocridad?

Por eso la idea de que la mediocridad no es negativa en sí misma, es solo para ese pequeño momento, en el que se hace  necesario tomar una decisión. El vivir una vida de excelencia es un viaje, una escalada si vos lo queres, en la que no siempre resulta sencillo mantener el ritmo. A veces nos cansamos, o incluso nos desanimamos; también tropezamos y hasta caemos. Entonces llegamos al punto en que hay que decidir. Y la decisión puede ser: seguir avanzando a pesar de todo, que es lo que te hace el ser excelente o sino conformarte con haber llegado a la mitad del camino, que es lo que hace el mediocre. Pero cuidado, porque aquí es donde comienza el peligro real de la mediocridad y para que me comprendas mejor quiero darte un ejemplo:

Imagínate que vas subiendo por una montaña y a la mitad del camino te falta el aliento, te cansaste, te detenes, por un momento, para tomar una decisión. En ese momento en que te detenes sos mediocre, pero no hay problema, hacer esa pausa no está mal en sí. Lo que hace la diferencia es la decisión que vos tomes: Si decidís avanzar, obviamente dejaras el punto medio en el que te detuviste y llegaremos a nuevas alturas. En cambio, si decidís que no podes seguir porque el camino es demasiado difícil, lo que inevitablemente sucederá no es que te quedaras a la mitad del camino para siempre, sino que comenzaras a descender por la montaña.

Entonces vos pensaras……

¿Cómo dejar de ser mediocre?…

Sí,  hay una forma de lograrlo…

En la vida hay algunas cosas que no deben ser toleradas, deberían ser borradas ó absolutamente destruidas de nuestras vidas. En otras palabras necesitan ser asesinadas.

Para la mayoría de las personas, asesinar es un acto terrible que no debe tener lugar en una sociedad, pero en la vida hay una cosa de un individuo que es peor y que da al asesinato un uso.

Esta cosa es la mediocridad

La mediocridad hace la vida complicada, dura y le cierra la puerta a cualquier cosa buena que pueda pasar en tu vida.

Aquellos que desean más, deben eliminar la mediocridad, no puede tener lugar en su vida, ésta no provee absolutamente ningún beneficio para ti.

Debe ser completamente eliminada de tu vida, Elimínala, No la toleres.

Ante esta situación….

¿Cuál es la respuesta que debemos dar a la mediocridad desde la palabra de Dios?

La respuesta pasa por un concepto que hoy se conoce como la AUTOESTIMA de la persona y Dios nos da señales al respecto, pero es necesario reconocer entre una vida de mediocridad y una vida de excelencia o perfección, ya que la práctica de una de ellas evidenciará la calidad de nuestra autoestima.

Para ello es necesario que comprendas que:

La mediocridad es vivir la vida tal como viene, mientras que excelencia es elaborar un proyecto de vida.

La mediocridad es vivir practicando lo malo siempre, mientras que excelencia es saber discernir entre el bien y el mal.

La mediocridad es vivir huyendo de la realidad y de los problemas, mientras que la excelencia es saber enfrentar los temores con valentía.  La mediocridad es vivir creyendo que ya no hay lugar para los cambios, que todo está perdido, mientras que excelencia  es renovar los proyectos personales.

La mediocridad es vivir pensando que Dios no es una realidad para tu vida, mientras que excelencia es pedir siempre ayuda a Dios.

Estas solamente son algunas de las comparaciones frente a la vida, las que nos demuestran que las personas tienen la opción de poder practicar valores para lograr una mejor calidad de vida que los lleve a vivir en excelencia, en perfección. No practicar dichos valores genera un estado de vida de baja calidad que se manifiesta en la mediocridad. En todo este proceso es necesario destacar que la madurez es el estado que nos lleva a reconocer que la realidad es tal como es y nos permite luchar para alcanzar una meta. Es aceptar que Dios nos ha dado capacidades y talentos para un solo fin: el bienestar. Lamentablemente en el transcurso de nuestra vida se inmiscuyen factores que limitan o perturban nuestro bienestar. Salir al frente y afrontar esas adversidades depende de si nos conformamos con lo que vivimos y nos que damos a medio camino o luchamos por avanzar hacia un nuevo nivel de vida que nos llevara a la excelencia.

No es fácil llevar una vida de excelencia,  se requiere humildad y ponerse en las manos de Dios, para que Él moldee nuestra vida y nos permita tener fe en que nuestros proyectos serán realizados por su voluntad y misericordia. La excelencia no depende de nuestros esfuerzos humanos solamente, depende cuán dependiente somos de la voluntad de Dios, por eso debemos alcanzar ese proceso que nos lleva a la meta final, que es la  la plenitud de vida en Dios y lograrla dependerá de nuestra relación con El y de nuestra capacidad de esforzarnos por llegar a la meta.

Para ello Dios nos pone en claro que Él desea personas que vivan más allá del nivel de mediocridad en el que ahora estamos acostumbrados a sobrevivir. Las diferentes batallas que estamos acostumbrados a perder casi a diario son el producto de una actitud mediocre hacia Dios, son el producto de una vida en la que tu andar con Dios es… mediocre.

Esta mediocridad que implica estar a medio camino y no quiere decir a medio camino entre la tierra y el Cielo… sino a medio camino entre lo que yo soy y lo que yo debería ser.

Por eso el Dios no quiere verte mediocre, de calidad media, de poco mérito… y tirando a lo malo, sino que quiere de vos que todo lo hagas con excelencia.

Y si crees que tu vida es de poco mérito y tirando a lo malo” te desafío a que salgas de allí.

Para ello no perdamos la oportunidad de ser ejemplos de excelencia en medio de nuestra sociedad que se debate en medio de la mediocridad y no sabe cómo lograr un mejor estado de vida.

Por eso el saber percibir entre el bien y el mal, el hacer un inventario de tu vida, elaborar un proyecto de vida, aceptar tal cual sos, el enfrentar los temores con valentía y no huir de los problema sino resolverlos, y el pedir ayuda a Dios eso es saber salir de la mediocridad.

Estas actitudes frente a la vida, nos demuestra que las personas tienen la opción de poder practicar valores para lograr una mejor calidad de vida que conlleve a la perfección. No practicar dichos valores genera un estado de vida de baja calidad que se manifiesta en la mediocridad. En todo este proceso es necesario destacar que la madurez es el estado que nos lleva a reconocer que la realidad es tal como es y nos permite luchar para alcanzar una meta. Es aceptar que Dios nos ha dado capacidades y talentos para un solo fin: el bienestar. Lamentablemente en el transcurso de nuestra vida se inmiscuyen factores que limitan o perturban nuestro bienestar. Salir al frente y afrontar esas adversidades depende de la autoestima que tengamos.

No es fácil llevar una vida equivalente a la perfección, se requiere humildad y ponerse en las manos de Dios, para que Él moldee nuestra vida y nos permita tener fe en que nuestros proyectos serán realizados por su voluntad y misericordia. La perfección no depende de nuestros esfuerzos humanos solamente, depende cuán dependiente somos de la voluntad de Dios. La perfección es un proceso de vida y tiene como meta final: DIOS. Lograrla dependerá de nuestra relación con el y de nuestra capacidad de esforzarnos por llegar a la meta.

No perdamos la oportunidad de ser ejemplos en medio de nuestra sociedad que se debate en medio de la mediocridad y no sabe cómo lograr un mejor estado de vida. Que Dios nos acompañe en esta difícil tarea.


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