Hablemos de celos

Escrito por el 26 septiembre, 2018

Este problema del corazón no es diferente a los demás, los celos dicen: “Dios me debe a mí.”, cuando pensamos en los celos o la envidia, inmediatamente pensamos en todas aquellas cosas que no tenemos: belleza, talento, oportunidades, salud, altura, una buena herencia, etc. Suponemos qué nuestro problema es con la persona que tiene lo que nos falta a nosotros.

Pero seamos honestos, Dios podría haber arreglado todo eso, lo que les dio a nuestros semejantes, nos lo podría haber dado a nosotros también. Y además, no deseamos realmente el automóvil de nuestro vecino; sólo queremos uno como ese, Ya que no nos importa el hecho de que Dios le haya dado un automóvil, el problema es que, cuando estaba repartiendo automóviles, ¡Dios nos pasó por alto!

El hecho de que tú hermana o tu amiga pueda usar cómodamente un par de vaqueros de talle pequeño te parece bien, el problema es que vos no podes o no deberías hacerlo. Cuando ella no te está mirando, vos la miras y pensas, “Vaya que bien le queda”, eso es horrible.

Sabes que no te tendrías que sentirte así y no tratar de impedir que eso se convierta en un estorbo para la relación y es posible que hasta le digas qué bien te quedan esos vaqueros. Pero el asunto está siempre allí presente, vos no podés dejar de lado el hecho de que ella tiene algo que von no tenes o que vos tengas algo que ella no tiene.

La cosa es que sientas una injusticia que Dios podría haber remediado, admitámoslo, la mayoría de nosotros creemos en cierta forma que si Dios nos hubiera cuidado como ha cuidado a algunas personas que conocemos, nuestra vida sería mucho más rica.

Ya que, si no nos hubiera hecho tan anchos, podríamos sentirnos mejor en traje de baño, si no hubiera permitido que la calvicie nos atacara desde tan jóvenes, nuestra baja autoestima no sería un lastre.

Ahora bien, pensa que, si como adolescentes hubiéramos sido tan lindos como algunos de nuestros compañeros de clase, se habrían multiplicado las oportunidades de poder salir con alguna chica los sábados por la noche. Si hubiéramos sido bendecidos con grandes habilidades atléticas, podríamos haber sobresalido como deportistas en el colegio secundario o quizás en la universidad también y eso habría seguramente cambiado el rumbo de nuestra vida.

Y si Dios nos hubiera hecho inteligentes, podríamos haber tenido mejoras resultados en los exámenes de ingreso a la facultad, y si nos hubiera dotado de una mejor capacidad para comunicarnos, podríamos haber ya ascendido a un puesto alto en nuestro trabajo. Y no te digo nada si fuéramos muy buenos oradores públicos más dinámicos, tal vez habríamos tenido la oportunidad de liderar una iglesia.

¿En qué estaba pensando Dios?  ¿Quién tiene realmente la culpa?

Si creeos en un Dios grande, nuestros celos son realmente un asunto entre nosotros y Dios, lo que Dios hizo por uno lo podría haber hecho por nosotros también, pero por alguna razón, no lo hizo. Nuestro problema no es con la persona que tiene lo que nosotros no tenemos: nuestro problema es con Dios. Él está en deuda con nosotros.

Sin embargo, nuestros celos rara vez asoman en nuestra interacción con Dios, si tomamos conciencia de ellos, los podemos confesar como un pecado, pero incluso entonces pensamos qua nuestros celos son un tema entre amigos, compañeros de trabajo o vecinos. No los registramos como rencor a Dios. Pero eso es exactamente lo que son.  En cambio, aparecen en nuestra relación con los demás, la ironía por supuesto, es que las personas de las que estamos celosos no pueden hacer nada para remediar la situación.

Entonces, ¿Quién tiene el poder de corregir la maldad entre nosotros y aquellos que tienen lo que deseamos?  ¿Acaso puede nuestro hermano campeón hacer que seamos mejores atletas? ¿Puede acaso nuestra mejor amiga ignorar que seamos más delgados?  ¿Nos ayudaría realmente que nuestro vecino nos comprara un automóvil como el suyo? No lo creo.

En realidad, eso agravaría más las cosas, el placer con culpa.

Sin embargo, la idea de que Dios nos debe algo probablemente te suene como me sonó a mí la primera vez: absurda.  Como podría Dios deberme algo a mí, como persona que cree en El siempre pensé que yo le debía algo a él.

Y quizás esa es la razón por la cual nuestros celos se centran en las personas o cosas equivocadas. Y tal vez esa sea la razón por la que parecen imposibles de conquistar, mientras, vos, yo nos engañemos pensando que nuestro problema es con mi amigo de plata o con mi amiga delgada nunca llegaremos a la raíz del problema, la tensión jamás se habrá de resolver. Bueno…, casi nunca.

Pero existe una cosa que actúa como un bálsamo para los celos y es cuando la persona que envidias sufre algún revés y lo único que pueden hacer los que tienen, para hacer sentir mejor a los que no tienen, es perderlo todo, ahora bien…, por supuesto que nadie lo va a admitir, pero existe una cierta satisfacción al ver que alguien que envidiamos pierde lo que desearíamos tener.

Es posible que odiemos lo que tenemos dentro de nosotros que secretamente se alegra de las pérdidas ajenas, pero allí esta.

Entonces., seamos honestos, ¿No has sentido jamás placer al ver que alguien que tenía dinero, sufría un problema económico? ¿No sentiste un poco de satisfacción cuando notaste que tu amiga no lucia igual en la playa que el año pasado? ¿Te sentiste contento cuando viste una abolladura en la puerta del auto del vecino?

¿N0?, bueno…; yo tampoco, pero he escuchado que hay personas que luchan con esta clase de pensamientos y de aquellos problemas emocionales que invaden nuestro corazón, tal vez los que más traicionan el verdadero estado de nuestro corazón, sean los celos.

Y quizás puedas justificar tus esfuerzos por ocultar tu pasado, o excusar tu ira, pero, ¿Cómo justifico esos sentimientos culposos de satisfacción   cuando veo que alguien que conozco (e incluso amo) sufre un revés o pérdida de alguna clase? Pero antes de que nos demos cuenta, sin ningún esfuerzo consciente de nuestra parte, allí esta: ese sentimiento despreciable de satisfacción.

¿Y de dónde proviene? Directamente del corazón.

La verdad es que creo que ¡Nadie está a salvo!, y la razón por lo que la gente que envidiamos no puede hacer nada para remediar nuestros sentimientos es qué ellos no son nuestro problema, ya que sus pérdidas, reveses, fracasos y kilos de más solo sirven por un tiempo para aliviar, y no erradicar, nuestro dolor. Si no son ellos, será algún otro.

Pues siempre habrá alguien que es más rico, más delgado, más talentoso, mejor conectado o más afortunado que nosotros. Y hasta que no encontremos la manera de luchar con nuestro corazón celoso, no podremos seguir el más básico de todos los principios que nos pide Dios: el amarnos los unos a los otros.

En tanto que no controlemos los celos, ninguna de nuestras relaciones estará segura. Ninguna. Hemos visto esposas que están tan celosas de sus maridos que nunca pueden decir nada agradable de ellos en público.  A padres que están tan celosos de sus hijos que nunca pueden decirles algo cariñoso, aunque su vida dependiera de ellos.

Ahora bien…, ¿Quién creo esos apetitos tuyos que nunca podés satisfacer por completo? ¿Tu esposo? ¿Tu esposa? ¿Tu jefe? ¿Tu vecino? ¿Por qué esperas entonces que esos simples seres humanos sean capaces de satisfacer tus apetitos?

Santiago nos dice que se los llevemos a Dios. Pero seguro que cada vez que se lo sugerís esto a alguien, recibís la misma respuesta: ¡Ya lo hice!” Por lo general, descubro que “ya lo hice” significa “pedí por ello”. Y por lo general, “pedí por ello”, significa que Dios le cambiara el corazón a fulano de tal manera que no me está dando lo que yo pienso que me merezco.”  Y esto no es a lo que se refiere Santiago, nos está sugiriendo algo mucho más poderoso que pedirle a Dios que cambie a alguien para que nosotros podamos hacer las cosas a nuestra manera. Santiago nos dice que le llevemos nuestros deseos más profundos y necesidades insatisfechas a Dios.

Nos está dando permiso para abrir nuestro corazón en una conversación sin filtros con nuestro Dios, ya que vos, yo debemos depositar en El, toda ansiedad, porque él cuida de nosotros, y esto significa que hemos sido invitados a llevar cada una de nuestras frustraciones y temores a Dios. No hay nada demasiado grande, nada demasiado pequeño, le llevamos todo.

Si es importante para nosotros, entonces es importante para Dios, y porque somos importantes para Dios, porque cada preocupación, grande o pequeña, tiene importancia para Dios, porque nosotros le importamos. Tenga o no que ver con nuestra vida amorosa, nuestra carrera, nuestro matrimonio, nuestros padres, nuestros hijos, nuestra economía, nuestra educación o nuestra apariencia, llevemos todo a Dios.

Y continuemos llevándoselo a Dios hasta que encontremos la paz necesaria para ponernos de pie y enfrentar el día confiados en la certeza de que Dios nos cuida.  Una vez que le hayamos confesado que nuestro problema de raíz es que no estamos obteniendo lo que deseamos, y una vez que hayamos depositado todos nuestros deseos y ansiedades en él, nos resultara mucho más fácil luchar con las personas que forman parte de nuestra vida.

Muchas veces Dios en pocas palabras nos está diciendo: “No tienen, porque no piden” o sea que en definitiva debemos llevar todos nuestros deseos a Dios y después nos dice que tal vez Dios nos diga que no.

El hecho es que Dios nos ama demasiado como para darnos todo lo que le pedimos, Dios ama demasiado a la gente que nos rodea como para darnos todo lo que le pedimos, pero aun así quiere que le pidamos, aun así, quiere que le llevemos todo a él.

¿Por qué? Porque Dios desea que lo conozcamos como la fuente de todas las cosas buenas, y cuando dice que no, tenemos que confiar en él.

Dios no te va financiar tu búsqueda para autodestruirte fuera de Él, ya que como te dije antes Dios es la fuente de todas las cosas buenas y no todas las cosas deseadas.

Pero aun así quiere que pidamos, que nos apoyemos en él, que dependamos de él, y desea que aprendamos a aceptar su no como respuesta en vez de tomar el asunto en nuestras propias manos. No es siempre fácil, pero es la mejor opción.

Y volviendo a Santiago tiene una cosa más que decir sobre el tema: “Todo lo bueno y perfecto que se nos da, viene de arriba, de Dios, que creó los astros del cielo. Dios es siempre el mismo: en él no hay variaciones ni oscurecimientos”.

Toda buena cosa que recibimos viene de nuestro Dios, lo cual es una razón más para llevarle nuestras necesidades insatisfechas, nuestros deseos más profundos e incluso nuestras ansias y aspiraciones más difíciles. Al fin de cuentas, no siempre podemos obtener lo que queremos   Nadie puede. No es posible. Nuestros apetitos nunca pueden ser totalmente satisfechos para siempre. La pregunta es: ¿Seguiremos intentado de todas maneras satisfacer nuestros deseos exprimiéndolos de los que nos rodean? ¿O los llevaremos y dejaremos con nuestro Padre en el cielo?

Esas son nuestras únicas opciones.

Una lleva a la paz, la otra a una eterna frustración.

 

 


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