Con el correr de nuestras vidas necesitamos de alguien en quien confiar, a quién llamar cuando las cosas se ponen difíciles, y también con quien compartir una buen momento y  para que esto ocurra es necesaria “la amistad”, y tal vez al escuchar esto te estés preguntando,  pero…. ¿Qué es la amistad? ¿Existe la amistad? ¿Cómo tener amistades que duren toda la vida?

Y quiero decirte que la amistad, es una de las relaciones humanas más hermosas, esta se puede formar a cualquier edad de nuestra vida, ya que la edad no es importante cuando se trata de formar amigos, y no solo la edad no es lo que importa sino que esta relación se da entre personas que están más alla de toda cosa y con pasados muy diferentes, y lo mismo ocurre con el género o sea que no solo cultivamos la amistad con personas del mismo sexo sino que también con el sexo opuesto y no por ello, significa que uno está enamorado de aquella otra persona, en el sentido romántico del amor. Claro que a veces, se da el caso en que uno amigo se enamora de su amiga, o al revés. Pero también se da, que la amistad puede unir con amor a dos personas de distinto sexo, sin que ninguno de los dos sienta una atracción física o romántica por el otro; por esto a veces decimos que la amistad es un “amor” del más puro.

Y hasta en muchas oportunidades nos hemos preguntado ¿Cómo surge esa amistad?…. y las amistades suelen comenzar de imprevisto, y muchas veces sin buscarlas, en el camino de la vida vamos encontrándolas  y  todo comienza porque alguien “nos cae bien”, convicciones, sentimientos, gustos, aficiones, opiniones, ideas políticas, creencias, religión son algunos de las cosas en común que pueden hacer que nos hagamos amigos de alguien y sentirse a gusto con una persona, conversar y compartir sentimientos es el principio de eso que llamamos amistad.

Pero para que esa amistad sea verdadera debe existir algo en común y, sobre todo, estabilidad y a veces una  misma profesión, una misma carrera, un pasatiempo en común, y la misma vida nos va dando amigos. Por eso después de un tiempo la amistad puede desarrollarse en profundidad y en extensión mediante el trato, el conocimiento y el afecto mutuo.

Y es por el tratarse, que el conocer bien al amigo es saber de su historia pasada, de sus quehaceres actuales y de sus planes futuros; y del sentido que da a su vida, de sus convicciones; y de sus gustos y aficiones, y de sus defectos y virtudes, es saber de su vida, de su forma de ser, de comprenderse; es… comprenderle y comprender al amigo es meterse en su piel y hacerse cargo.

Pero quiero contarte que hay otra clase de amistad, que es la más sublime de todas, es la amistad con Dios, sí, aunque hoy parece como muy olvidada o incluso devaluada, pero es una simple reflexión que generalmente no nos hacemos: Esa amistad no sólo es posible sino que a la altura de nuestra situación es pedida por el mismo Dios.

Todos los seres humanos estamos capacitados para entablar relaciones auténticas de amistad, pero es bien cierto también que la vivencia de este regalo de Dios adquiere una dimensión diferente. Desde el principio Dios, que es amor, nos creó a su imagen y semejanza: con inteligencia, voluntad y capacidad de amar, quiere decir que fuimos creados, pues, por amor y precisamente para amar.

Sin embargo, en el paso del tiempo se ha ido desvirtuando el sentido original del amar, así, el amor de los padres a los hijos, el amor de los amigos, el amor cristiano y el amor de pareja se han visto confundidos y por muchos reducidos al amor meramente a los gustos y placeres de los sentidos, de las cosas que los incitan o satisfacen, del  deseo sexual, que lo provoca o relativo a él.

Así mismo, la amistad queda a veces disminuida a la sola camaradería: la barra, los compañeros de fiestas y otras aventuras; quien invita a comer o hace algún regalo quizá. Es interés, provecho personal, ventaja, protección y a veces hasta encubrimiento y complicidad.

Pero una amistad vivida desde Dios es siempre una amistad de crecimiento y es plena cuando acerca al cielo a las personas, se dice que es madura cuando no busca las propias complacencias y la satisfacción personal sino el bien del amigo o amiga y la superación de las adversidades mediante el diálogo oportuno, sus notas características son el respeto, la confianza, la transparencia y la pureza de intenciones, la corrección fraterna y el apoyo mutuo. Evidentemente la amistad no es completa desde el principio, se supone un proceso de conocimiento y paulatina maduración, es como una planta que sembrada y cuidada crece y da fruto a su tiempo.

Un amigo o amiga es un puente hacia Dios, baluarte y fortaleza, gran tesoro, brazos abiertos, hombro que conforta, manos que se unen para pedir por vos,, sonrisa amable, mirada comprensiva, encuentro alegre, palabra de ánimo, libro abierto, ruptura con el egoísmo, es hermano y alguien con quien podemos hablar como si habláramos con nosotros mismos; es, en fin, compañero de camino hacia Dios.

Y lo importante no es buscar amigos (Dios los da cuando los necesitamos) sino ser amigo, y serlo a la manera de El, hasta dar la vida; compartir el tiempo, el espacio, las experiencias, atención, presencia y calidez humana.

Hoy es un buen día para ser amigo, para perdonar al amigo lejano y pedir perdón al amigo ofendido.

Hoy es un buen día para pedir por ese amigo y para darle gracias a Dios por este magnífico regalo.

Hoy es un buen día para compartir la vida, porque precisamente la amistad es don para compartir¡¡¡